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lunes, diciembre 07, 2009

CRISIS

Corría el año 1975 cuando, bajo el título de Crisis, what crisis?, aparecía el cuarto disco de la banda de rock sinfónico Supertramp.Y en su portada, un rocambolesco escenario donde un tipo en bañador se broncea, sombrilla y daiquiri mediante, bajo un plomizo cielo cargado de contaminación, todo ello enmarcado en un paisaje industrial de factorías emitiendo densas nubes de humo e infraviviendas compartiendo el infecto espacio.La metáfora parece clara, para lo que me queda en este convento...

Crisis es en estos momentos una de las palabras más manoseadas, vituperadas, mencionadas y manipuladas hasta la saciedad por todos y cada uno de nosotros.Por encima de interpretaciones personales, parece haber un común acuerdo en señalar que la economía mundial, y la española por ende, se halla inmersa dentro de una profunda crisis, al menos así nos lo llevan contando dos años.Las funestas cifras ofrecidas por los organismos gubernamentales así parecen confirmarlo, nada menos que 4 millones de desempleados inscritos en las listas del INEM, destrucción masiva de puestos de trabajo en los sectores industrial y servicios, colapso financiero de miles de empresas.

Si bien toda esta sintomatología, apocaliptica podríamos llamar, indica a las claras un claro retroceso de la economía española, no es menos cierto que quizás, y durante algunos años, los indicadores económicos patrios han reflejado de manera engañosa la verdadera dimensión de nuestra economía.La burbuja inmobiliaria impulsó un crecimiento ficticio, artificial, inestable que, como se ha demostrado posteriormente, ha terminado por explotar y por implotar.En aquellos momentos de generalizada especulación se popularizó de tal manera esa forma fácil de conseguir resultados monetarios que caló hondo incluso entre las clases trabajadoras y más desfavorecidas de la sociedad capitalista.Consumir, gastar, dilapidar, aparentar son leitmotiv válidos para aquella época no tan lejana.

Pero como todo gigante con pies de barro, esa torre que se pretendía tan alta como el propio cielo acabó por derrumbarse, formando una devastadora riada que amenaza con anegar nuestro costoso estado del bienestar.Tal vez, el problema radique en que este país adolece de una política económica que potencie el empleo estable, que anteponga el beneficio a largo plazo, que opte por el esfuerzo y la inversión de futuro, que vele por la conservación del medio ambiente, que apueste decididamente por las capacidades y las posibilidades que ofrece un empleado feliz, en fin que favorezca premisas de productividad y establezca unos salarios acordes al desempeño del puesto de trabajo y al momento actual.

En última instancia, cada uno de nosotros debería reflexionar acerca del particular y aplicarse, en la medida de sus responsabilidades, la parte correspondiente.Los españoles somos muy dados a verter o achacar a los demás la culpa o la responsabilidad de casi todo lo que acontece en la vida cotidiana, sin pararnos a pensar en que medida nosotros mismos somos correas de transmisión o motores de aquello sobre lo que echamos en cara a los demás.Si este ciclo se vuelve a repetir, algo que no sería de extrañar, tal vez nos los pensemos más la próxima vez que queramos adquirir un chalet en la sierra por el mero hecho de que nuestro vecino así lo hizo.

A pesar de la crisis, las carreteras se siguen atascando los fines de semana, los centros comerciales siempre tienen aforo completo, los estadios siguen llenándose de aficionados y la gente se sigue dejando el dinero en el Corte Inglés cuando llegan los dispendios navideños.¿No será que están en crisis los que siempre han estado y siempre lo estarán?.Piensa, piensa.

Saludos.

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