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miércoles, diciembre 09, 2009

RASPITA

Seguro que en más de una ocasión todos hemos tenido noticia de alguna leyenda urbana de esas a las que tanto solemos dar pábulo.La comunicación oral se presta a este tipo de bulos que, normalmente, suelen divulgarse con aviesas intenciones, en muchos casos promovidas por periodistas sin escrúpulos o ventajistas a la búsqueda de un titular televisivo o periodístico.Es también seguro que, y no suele ser lo habitual, en más de una ocasión una tal leyenda urbana se ha visto confirmada por las circunstancias o los hechos.Este es el caso que paso a describir a continuación.

Hace tiempo que se viene escuchado en los mentideros de la capital de España que hay un singular personaje que pasea por las estaciones de metro acompañado por su inseparable cassette amenizando el tránsito de los sufridos usuarios del subterráneo con todo tipo de estilos musicales, normalmente grupos e intérpretes ochenteros.Tal suposición queda confirmada personalmente por la observación directa del fenómeno melómano.Se trata de un tipo espigado, desgarbado como un fideo, de astrosa y descuidada apariencia, vistiendo siempre los mismos harapos, digo pantalones y unos zapatones excesivamente pasados de moda, omnipresente gorra del revés, que pasea su cuerpo serrano, y su correspondiente tufazo, por los andenes del metro madrileño a tempranas horas de la mañana.Con su antediluviano cassette al hombro y acompañándose de una artificiosa escenificación e interpretación melódica, el Raspita, como así se le conoce popularmente en la red, deleita al personal, todavía no repuesto del madrugón cotidiano, con todo tipo de gestos y ademanes que, inevitablemente, hacen aflorar la sonrisa al rostro de los atónitos viajeros.

Lo común es que tal individuo sea conceptuado como uno más de los numerosos tarados que pululan por los márgenes del espectro social.Sin embargo, en cierto modo, el Raspita es uno de los últimos románticos de este mundo, un ser que, apartándose voluntariamente del camino marcado por el destino para el común de los mortales, se rebela ante esa imposición y lucha por mantener y recordar otra época que quizás fue mejor.No siempre tendremos la disposición de ánimo necesaria para soportar sus letanías y aspavientos, pero seguro que por lo menos algún día tarareamos la música de Wham, Bronski Beat o Alphaville con una sonrisa en los labios.Gracias, Raspita.No cambies.Ahora ya no.

Saludos.

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